"COSPEDAL HA REFLEJADO
HOY MUCHOS DE LOS PROBLEMAS
DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA"
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17 congreso: Partido popular

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19 de Febrero de 2012

Discurso de Mariano Rajoy en la clausura del 17 Congreso del Partido Popular



Gracias, muchas gracias.

Quiero comenzar dando las gracias a Sevilla porque siempre nos recibe tan maravillosamente que da pena marcharse.

Gracias a las autoridades, a los militantes de Sevilla y a todos los sevillanos que nos han regalado su cordialidad.

Alguno pensará que estoy haciendo un cumplido, y algo hay, pero es un cumplido de corazón, porque sabéis que me gusta Andalucía.

Viajo por toda España y os puedo asegurar que en ninguna región he estado tantas veces como en esta. En ninguna.

¿Por qué? Por las mismas razones que mueven a los miles de visitantes que llegan aquí desde cualquier parte del mundo. Sencillamente porque Andalucía es una tierra maravillosa.

También, claro está, por razones estrictamente políticas. Sobre todo porque creo que aquí las cosas se pueden hacer infinitamente mejor. Creo que Andalucía tiene unas enormes posibilidades y me duele que no se aproveche todo ese potencial.

Creo profundamente que Andalucía necesita un cambio político.

Conozco a Andalucía y conozco a los andaluces.

Lo he recorrido todo, desde Úbeda hasta Punta Umbría y desde el cabo de Gata hasta la Serranía de Huelva.

Conozco las capitales y los pueblos, las fábricas y las bodegas, la flota de pesca y los olivares.

Y, sobre todo, conozco a sus gentes.

Sé lo que ocurre en esta tierra y sé cuáles son sus problemas. Lo sé.

Me sobran todos los tópicos que circulan sobre Andalucía y su gente.

Por eso me duele lo que está ocurriendo, me duele esa injusticia del paro andaluz, me duele esa permanente exportación de trabajadores que no encuentran oportunidades. Yo sé lo que es eso porque lo he vivido en Galicia, y no lo quiero ni en Galicia, ni en Andalucía ni en ningún lugar de España.

Lo digo de corazón. Esta tierra se merece otra cosa y deben ser los andaluces quienes la reclamen.

No a los mismos que ahora gobiernan, naturalmente, sino a quien sabe y puede hacerlo.

A quienes vienen con otras formas de hacer política, con nuevas ilusiones, nuevas ideas, con nuevos programas.

A quienes no se van a resignar a que las cosas sigan como están.

A quienes ya han empezado a transformar las cosas en tantos ayuntamientos de Andalucía. Ahora también en Diputaciones.

Los ayuntamientos que gobierna el Partido Popular en Andalucía son los mejores propagandistas de nuestro partido. Los que con su gestión ofrecen cada día las mejores razones para votarnos.

Amigas y amigos

El cambio ya ha comenzado en Andalucía y, sin duda, irá a más el próximo 25 de marzo. Será un acontecimiento histórico y creedme que no exagero: los andaluces no han conocido nunca más gobierno que el de los socialistas, pero eso está a punto de terminar.

Javier Arenas es el hombre que lidera este proyecto de cambio. Está en el mejor momento de su carrera política. Tiene conocimientos, trayectoria, y un equipo potente que le ha acompañado durante estos años.

Tú sabes que, en lo que pueda valer mi ayuda, estoy a tu disposición para todo lo que sea necesario. No hay que llamarme dos veces cuando se me llama desde esta tierra.

Andalucía se merece el cambio, y estoy convencido de que los andaluces no desaprovecharán la oportunidad que se les ofrece el mes que viene.

Si es así, a vosotros, que habéis heredado el espíritu e incluso el coraje de aquellos españoles de hace doscientos años, los que regalaron a España su primera Constitución, os corresponde demostrar hoy que Andalucía sigue siendo una tierra con vocación protagonista, y que los andaluces están dispuestos a situarse en la primera línea de las regiones españolas.

Eso es importante para Andalucía, pero yo os aseguro que es importantísimo para España.

Uno de cada cinco españoles vive aquí. Eso significa que la suerte de Andalucía es la suerte de España.

Por tanto no tengo más que deciros: Trabajad por Andalucía, que Andalucía sabrá agradecer vuestro esfuerzo.

Antes que nada, y como ya es costumbre en todos nuestros Congresos, os pido permiso para enviar en nuestro nombre el siguiente telegrama al Jefe de la Casa de Su Majestad el Rey: “en nombre de todos los compromisarios del XVII Congreso del Partido Popular, le ruego eleve a Su Majestad el Rey nuestra lealtad a la Corona y al sistema constitucional español”.

Quiero acordarme, como ayer y como el viernes, y como muchos días en el pasado y en el futuro, de don Manuel Fraga. Él fue el protagonista de muchísimos Congresos de nuestro partido, en realidad, de la mayoría de los Congresos de nuestro partido. Quiero que este Congreso se recuerde también como el Congreso de Manuel Fraga porque es justo y porque es verdad, porque así ha sido, el Congreso de Manuel Fraga.

Quiero dar las gracias también de manera muy especial a nuestro presidente de honor, José María Aznar, siempre está con nosotros y, lo que es más importante, siempre estará con nostros y nosotros con él.

Con vuestro permiso, voy a hablar también de “Cherines”. Ha estado siempre a las duras y a las maduras. Ha sido leal a su partido, ha sido leal a sus ideas, le va a aportar a Asturias tranquilidad, serenidad, mesura, previsibilidad y sentido común. Y tiene el apoyo del Partido Popular y el mío muy especial como presidente y como presidente del Gobierno de España.

Agradezco a los representantes de otras formaciones políticas que han querido acompañarnos en este Congreso que estén aquí.

A los representantes de la Unión del Pueblo Navarro, partido con el que fuimos en coalición en las últimas elecciones legislativas, y también a los representantes de Convergencia y Unió y de Coalición Canaria. Muchísimas gracias. Estamos muy honrados.

Y a todos los representantes de la sociedad andaluza, especialmente, y española. A todas las organizaciones sociales, empresariales y sindicales que nos acompañan en este acto. También al Cuerpo Diplomático, muchísimas gracias. Ustedes con su presencia nos honran a todos los militantes del Partido Popular.

Y a todos vosotros, muchas gracias, porque me habéis elegido presidente del Partido Popular una vez más, es lo que yo quería. Y, por tanto, os estoy muy agradecido. Y gracias por el trabajo desarrollado en las distintas ponencias a lo largo de estos días.

Y gracias por el apoyo que me habéis brindado estos últimos años. Si no fuera por vuestro apoyo, yo no estaría aquí pronunciando ningún discurso. Muchísimas gracias.

A todos me gustaría daros, lo digo de corazón, un abrazo persona. Esto es muy complicado. Y me gustaría dárselo de manera muy especial, aunque ayer estuve con ellos, a los representantes del Partido Popular en el Exterior, que habéis llegado desde puntos tan distantes.

Por último, quiero recordar a todos aquellos que podrían estar hoy aquí, que deberían estar aquí, con nosotros, pero que no están.

Y quiero que recordemos que no están porque han sido el precio que hemos pagado por nuestra libertad.

No los olvidamos y no queremos olvidarlos, ni aquí, ni en ningún rincón de España.

No están con nosotros, pero nunca se van de nuestro lado.

Permanecen en nuestro recuerdo, porque el respeto a su memoria y la defensa de su dignidad, conforman hoy la medida de nuestra talla moral.

En unos minutos se acabará el Congreso.

Creo que habéis trabajado bien. Habéis dedicado tres días a la tarea de poner este partido en hora, actualizar sus propósitos y renovar sus estructuras. En una palabra: a dar mayor consistencia a vuestro compromiso con los españoles.

Ya se ha mencionado, pero quiero insistir en ello: el lema de este Congreso, “Comprometidos con España”, nos retrata fielmente.

Porque nuestro compromiso no es con ninguna clase social, ni con ningún territorio.

Nuestro único compromiso es con España y con los españoles, con todos, con sus necesidades, con su bienestar, con su futuro. Con el de todos, porque nosotros no ponemos etiquetas a las personas; y, desde luego, no dividimos a los españoles.

Podéis decir a todo el mundo que salís de aquí con un Partido Popular remozado, fresco, que ha ratificado todos sus principios, y que ha vuelto a repasar, con rigor, todos los problemas de la vida pública española.

A la vista está que no hemos venido a resolver querellas internas, porque no las tenemos. Tampoco hemos venido a preguntar por nuestra razón de ser como partido, porque la hayamos extraviado; ni a improvisar algunas ideas de recambio, porque se nos hayan gastado las anteriores.

A eso vinieron otros aquí, a Sevilla, hace unas fechas. Nosotros, no. Nosotros hemos venido a fortalecer nuestra capacidad de respuesta.

Hemos venido a confirmar nuestra disposición para atender lo que hoy nos reclama toda España.

Estamos aquí para gobernar.

La tarea que se nos ha confiado es apasionante, porque se trata de España y de los españoles, pero también dura, ingrata y difícil.

Estas palabras comienzan a convertirse en un tópico, pero reflejan la verdad. Una triste y lamentable verdad.

Se nos pide que pongamos en marcha un país que ha perdido miles de empresas, en el que no circula el crédito, en el que más de cinco millones de seres humanos buscan un empleo sin encontrarlo, en el que los padres porque se desalientan porque sus hijos no tienen oportunidades, y los hijos piensan que no hemos sabido dárselas; un país que vive del préstamo y está expuesto a que no le presten.

Quieren los españoles que, por amargo que resulte, cortemos el grifo de todo el gasto que no sea imprescindible. Quieren los españoles que hagamos reformas, en el trabajo, en la justicia, en las finanzas, en las administraciones públicas, en la educación… Nada de eso es fácil, ni cómodo, ni siquiera gratificante en el corto plazo.

Mucho menos en estos primeros meses, en los que lo urgente, más que pensar en reconstruir, es frenar el deterioro, lograr que las cosas no vayan a peor.

¡Ojalá nuestra situación económica hubiera tocado fondo! No es así. Ojalá hubiéramos recibido una herencia como la que dejó Aznar en el año 2004, pero tampoco es así.

Yo no voy a engañar a nadie. Ésta es la realidad, y tenemos que ser conscientes de ella, si queremos actuar con eficacia.

Algunos dirán que las cosas siguen así porque no acertamos con las medidas. Nos lo dirán a sabiendas de que no es cierto.

Nos lo dirán los mismos que nos han puesto en esta situación; los mismos que nos han traído hasta aquí.

Amigas y amigos, os aseguro que cuesta mucho más trabajo detener la caída que reiniciar el ascenso.

Exige más sacrificios frenar el deterioro que construir.

A quien me pregunta qué estamos haciendo para crear empleo, para reactivar la economía, para recuperar la confianza… debo responderle que estamos haciendo lo más importante, lo más urgente, lo más desagradecido: poner barreras a la destrucción.

La tarea no es fácil: no lo es hoy y no lo será en bastante tiempo.

Además, se espera de nosotros que, a la vez que frenamos la caída, al tiempo que intentamos que cese la sangría del paro, comencemos a construir, iniciemos la reactivación, suprimamos todos los obstáculos que bloquean la creación de empleos, desde el déficit y la falta de créditos, hasta la legislación laboral.

Y, además, hemos de atender a todo ello sin dejar de pensar en el día de mañana, porque hay que preparar el futuro y hay que prepararlo desde hoy. Aquí no se puede gobernar como algunos hicieron pensando en la próxima media hora y en la próxima semana. Aquí hay que preparar el futuro porque esa es la responsabilidad de un Gobierno serio y competente.

Ya no me voy a perder en consideraciones sobre el tamaño o sobre la aridez de nuestra tarea. Todo el mundo sabe que los problemas son extraordinariamente graves, que no se van a resolver en dos tardes y que las medidas no serán siempre agradables.

Todos saben también que por duro que resulte el esfuerzo, siempre será muchísimo menos duro que no hacer nada y continuar como estábamos, o como podríamos llegar a estar.

Pero lo que nos importa no es eso. No preguntamos cuáles son las dimensiones del desafío, ni el esfuerzo que nos va a exigir, ni el tiempo que nos va a costar.

La pregunta que debemos responder es otra:

¿Estamos preparados para acometer la tarea, sí o no?

Esta es la única pregunta importante. ¿Estamos preparados para acometer la tarea, sí o no?

La respuesta es sí, un sí rotundo, un sí unánime:

Estamos preparados y, además, estamos dispuestos.

Los españoles nos han dado su confianza y no les vamos a fallar.

Esto no es nuevo para nosotros. No es la primera vez que España nos llama en una situación como esta y no es la primera vez que respondemos.

Podemos hacerlo, sabemos hacerlo y queremos hacerlo.

Será difícil. Más que la otra vez, pero está a nuestro alcance.

Costará mucho esfuerzo, pero España tiene los recursos y nosotros la voluntad.

No será agradable, pero los españoles están de acuerdo.

Sabemos hacerlo, tenemos el deber de hacerlo, de hacerlo bien, y de no cejar hasta que el problema esté resuelto y España encarrilada.

¡Que nadie lo dude! Haremos cuanto sea preciso.

Lo haremos con sensatez y con sentido común. No queremos que ningún sacrificio se malgaste.

Lo haremos con justicia para que los esfuerzos no recaigan sobre los más débiles. Insisto, con justicia. Ayer dije que presidía un Gobierno de personas que no tiene más compromiso que el interés general. Creo que algo ya hemos demostrado en estos tiempos y seguiremos haciéndolo en el futuro. Lo haremos con justicia y seremos equitativos, porque es lo que creemos, lo que demanda la sociedad española y es lo sensato y, otra vez, lo justo.

Pero lo haremos sin vacilaciones y sin perder un minuto.

Lo haremos entre todos. Lo haréis vosotros. Lo hará España entera.

Lo estamos haciendo ya.

Nadie podrá acusarnos de ser negligentes.

Nadie dirá que no tomamos decisiones.
En siete semanas hemos puesto en marcha más reformas que el PSOE en siete años.

Reformas que son vitales para salir de este marasmo.

Un drástico recorte de gasto público de más de 9.000 millones de euros.

Una ley para poner en orden las cuentas de todas las Administraciones Públicas.

Una reforma financiera para que pueda circular el crédito a las familias y a las empresas.

Acabamos de aprobar la reforma laboral que estaban esperando más de cinco millones de personas que no pueden trabajar.

Quiero deciros algo sobre la reforma laboral, exactamente lo que pienso. Os lo digo a vosotros y a todos los españoles. Esta reforma laboral es la reforma que España necesita para evitar que seamos el país que destruye más empleo en toda Europa. Para eso es necesaria esta reforma laboral.

Una reforma que nos sitúa al mismo nivel que los países más avanzados de la Unión Europa. Una reforma que moderniza nuestra legislación que data de hace 30 años y que, sobre todo, acaba con las injusticias y las discriminaciones del mercado de trabajo.

A todos los españoles les quiero decir que ésta es una reforma justa y que si no lo pensáramos así, no la hubiéramos hecho de ninguna de las maneras. Pero es justa, es buena para España y es necesaria. Y eso lo saben muchos españoles. Y ya sé que hay gente que no la quiere, ya lo sé. Yo respeto todas las opiniones, pero mi Gobierno y yo como presidente del Gobierno nos debemos a todos los españoles.

Y tenemos que cambiarnos para adaptarnos a un mundo que es distinto y que es global. Y si queremos que España crezca y que en España vuelva a haber empleo, hay que hacer esto que hemos hecho. Así lo pienso, lo siento y se lo digo a todos los españoles.

Ahora bien, ninguna de estas medidas ni otras que ya hemos tomado hará milagros por sí sola, ni siquiera todas juntas.

Hasta los niños saben que no basta con ponerle ruedas a un coche para que ande, pero que sin ellas es imposible que se mueva. Las reformas solas no crean los empleos, pero sin ellas será inútil pretender que aparezcan.

Y quiero añadir algo más sobre estas reformas que hemos puesto en marcha.

Todo el mundo sabe que es más fácil hacer reformas en una casa vacía. La nuestra no está vacía ni puede estarlo. Aquí vivimos cuarenta y siete millones de personas y la crisis no trata igual a todos. Hay quien puede prestar ayuda y hay quien necesita recibirla.

De modo que existen dificultades adicionales que nos obligan a matizar nuestras iniciativas y a seleccionar nuestras urgencias.

La crisis no es un libro de contabilidad con los números en rojo. Eso no es un resumen para los despachos.

Pero la crisis no está en los despachos. Ni siquiera está en la calle. La crisis de verdad comienza detrás de la puerta de cada hogar.

Hablamos de personas, de sueños rotos, de sufrimientos.

Y no podemos hacer las cosas como si todos fuéramos altos, fuertes y sanos.

A muchos que protestan yo les digo: ¿saben ustedes que hay madres solas, con hijos a su cargo, haciendo milagros todos los días para seguir en pie… si es que tienen trabajo. Imaginaos si no lo tienen. ¿Qué les vamos a pedir?

Hay padres de familia que perdieron su empleo hace un año, o dos y que ya ni siquiera imaginan cuando podrán trabajar de nuevo. ¿Qué les vamos a pedir?

¿Vamos a hacer las reformas olvidándonos de ellos?

Cuando tomamos medidas que son difíciles, lo hacemos porque estamos pensando en quienes peor lo pasan.

Y si no me queda más remedio que subir los impuestos, lo hacemos porque muchas personas necesitan una oportunidad.

Y cuando recortamos el gasto público, lo hacemos para garantizar que habrá dinero para lo imprescindible: pensiones, sanidad, educación y también para garantizarlos en el futuro.

Y cuando hacemos reformas laborales rigurosas, lo hacemos porque estamos pensando en toda esa gente que que está en la cola del paro y que no ve ningún horizonte de futuro. Para eso hacemos las reformas, ¿o es que las hacemos porque sí?

Las reformas no son el objetivo en sí mismo, son el instrumento. El objetivo son las personas y especialmente las que más se acercan al límite de la resistencia.

Hay quien protesta por la reforma laboral. Y yo les pregunto: ¿y qué les decimos a los centenares de miles de jóvenes que no saben lo que es perder el empleo porque nunca lo han tenido? ¿Y qué les decimos a esos padres que ven que, por primera vez en la historia, los hijos pueden vivir peor que ellos? ¿Qué les decimos?

La crisis no es igual para todos. ¿Qué le decimos a esos abuelos que atraviesan momentos difíciles y que aún así se han convertido en el apoyo de sus familias?

La cara real de la crisis no es la contabilidad ni los números rojos. No es el agobio de la deuda, ni el déficit, que son cosas de muy difícil comprensión. La cara real de la crisis es la gente, son muchos españoles.

Entonces, cuando critiquen nuestras reformas, decirle esto a la gente. Nosotros no hacemos reformas porque estemos aburridos en los despachos. Las hacemos porque hay mucha gente que ha confiado en un Gobierno y porque creemos que hay que generar las condiciones para que se cree empleo en España, para que las Administraciones tengan recursos y haya sanidad, educación y pensiones. Para eso se hace una reforma.

Os diré más. Ya hay cosas que se notan en España. No hemos tenido ocasión de cosechar nada, como es natural. Llevamos poco tiempo. Sin embargo, ya se han producido cambios que importan mucho.

En primer lugar ha cambiado la manera de ver las cosas: nosotros y los demás.

¿En qué ha cambiado? En que los problemas están ahora más claros. No han cambiado, pero ya no se ven igual.

Es como si se hubiera disipado la niebla que los envolvía. Las dificultades son las mismas o mayores, pero ha desaparecido la indefinición. Sabemos ya cuales son las dimensiones del desafío, el tamaño del agujero, y cual debe ser la hondura de nuestra respuesta.

En política, como en medicina, es preciso, lo primero de todo, limpiar la herida para examinarla, conocer su alcance, su gravedad, y sus amenazas.

Ahora lo sabemos con precisión. Ésa es la gran importancia de la verdad.

En segundo lugar, ha cambiado la manera en que nos ven desde fuera.

Tranquiliza saber que, en unas pocas semanas, se ha logrado que España aparezca como un país serio, responsable, que puede cumplir sus compromisos y que está dispuesto a enfrentar sus desafíos con determinación. Y será difícil y viviremos momentos complicados, aquí y en Europa. Pero esto que os acabo de decir es verdad y así se nos percibe hoy fuera.

Y ha cambiado la actitud de la gente.

No es que los españoles vean ahora la salida. Nadie puede verla todavía. La diferencia es que ahora creen que existe una salida, creen que podemos alcanzarla y creen que merece la pena hacer el esfuerzo.

No ven todavía la solución, pero ahora ya creen que existe solución.

Lo creen porque han conocido la verdad y porque nos ven dispuestos a hacerlo.

Este es un paso de gigante. El paso que va de la desconfianza a la comprensión; del hartazgo de los sacrificios estériles al reconocimiento de que es preciso sumar esfuerzos; de la resignación pasiva al movimiento.

No podemos decir que España esté en pie, pero sí que España quiere ponerse en pie, quiere salir del atasco, quiere atravesar este desierto de la crisis y dejar, cuanto antes, esta pesadilla a la espalda.

Sé que algunos intentan desarbolar esta voluntad mayoritaria de recuperación.

Sé que a algunos no les gusta lo que estamos haciendo. Quizá porque les gustaba más lo que había antes. En ese caso es natural que protesten.

Pero yo pienso que los españoles ya no se van a resignar, ni van a renunciar a recuperar empleos y bienestar.

Los españoles no lo harán, porque ahora contemplan las dos caras de la moneda: los inconvenientes y las ventajas, las estrecheces y los beneficios.

Que no imagine nadie que los españoles van a sacrificar esta oportunidad, no van a entorpecer la tarea del Gobierno en el que han puesto su esperanza; un Gobierno que está cumpliendo su deber en beneficio de todos, y de cuyo éxito depende el bienestar de todos.

Todos los españoles saben de sobra que nadie, salvo nosotros mismos, acudirá en nuestra ayuda para devolvernos el bienestar.

Nada ni nadie, salvo nuestra decisión de ponernos a trabajar con tesón y retirar todos los obstáculos que cierran nuestro camino.


Esos obstáculos no se retiran con discursos encendidos ni con palabrerías grandilocuentes.

Los obstáculos se despejan con esfuerzos, con reformas, con sentido común, con seriedad y con perseverancia.

Saldremos adelante. Nos costará, pero lo haremos.

No trato de sembrar esperanzas, ni brotes verdes, que soy muy mayor para ello.

La esperanza es un carburante muy flojo para lo que España necesita.

Está bien para el que no encuentra salidas, pero ese no es nuestro caso. Por eso no nos basta con la esperanza.

Por eso, ofrecemos convicción.

La convicción de que el remedio existe, de que está en nuestras manos, de que está a nuestro alcance, de que saldremos airosos de este empeño, y de que, cuando lo hayamos logrado, poco nos importarán los esfuerzos del camino.

Convicción sobre lo que hay que hacer, convicción de que podemos hacerlo, y voluntad de no cejar hasta conseguir lo que deseamos.

Por grandes que sean las dificultades, no van a ser mayores que nuestro empeño.

Estamos en la buena dirección, en la buena senda. Y cuanto más oscura nos parezca hoy, más destacará la luz cuando se vislumbre la salida.

Estoy convencido. España entera arrimará el hombro y dejará detrás a los que pongan obstáculos en el camino.

Aceptaremos los sacrificios. Soportaremos las renuncias. Aprovecharemos mejor nuestros recursos. Y no cejaremos hasta que llegue el día en que podamos descansar y sentirnos, ante el mundo entero, orgullosos de nuestro esfuerzo.

A este compromiso con España os convoco hoy y convoco a todos los españoles.

Nada más, buen viaje, y recordad que dentro de un mes nos espera Andalucía.